lunes, 4 de marzo de 2013

La reforma del sistema público de pensiones

La reforma del sistema público de pensiones . Las pensiones son la forma de garantizar unos ingresos tras la jubilación y así evitar la pobreza en la vejez. Existen sistemas privados de pensiones, que un cliente contrata con una entidad financiera y existen también sistemas públicos, tanto asistenciales como contributivos. En este último caso, llamado también sistema de reparto, los trabajadores cotizan durante toda su vida laboral a un fondo estatal del que cobrarán cuando se jubilen. Este es un sistema basado en la solidaridad intergeneracional y la gestión pública. Los sistemas de pensiones proporcionan flujos regulares de dinero a largo plazo, por lo que son una pieza muy codiciada para hacer negocios en las plazas financieras internacionales. Para conseguir este botín lo primero es poner en tela de juicio la sostenibilidad del sistema público. Así desde mediados de los ochenta se multiplicaron los estudios financiados por grandes entidades, como la OCDE o el Banco Mundial, que anunciaban la futura quiebra de los sistemas públicos de pensiones en los países industrializados, debido a su envejecimiento demográfico. Los teóricos del neoliberalismo apostaban por privatizar el sistema contributivo, dejando las pensiones públicas en unos mínimos asistenciales. En nuestro país instituciones como el BBVA, la Caixa o FUNCAS han subvencionado también informes que, al igual que los anteriores, erraron en sus predicciones catastrofistas y además omitieron advertir acerca de la volatilidad de los fondos privados de pensiones. Pero para conseguir que la población contrate fondos privados no basta sólo introducir el miedo en la ciudadanía, sino también acabar con la generosidad de las pensiones contributivas. Así lo reconoce el documento que el lobby anglosajón EFRP (Federación Europea para la Provisión de la Jubilación) presentó a la Comisión Europea en 1997. Este infome, conocido como el Greenpaper, argumentaba en favor de los beneficios que sobrevendrían de la inversión de los fondos de pensiones privados en el mercado financiero. La Unión Europea nunca ha tenido competencias en el ámbito de las pensiones, a pesar de ello se ha mostrado partidaria de esta política privatizadora, ya que los fondos privados de pensiones ayudarían a fortalecer un mercado financiero integrado como garantía de capitalización. Los informes encargados por la reunión del Consejo Europeo en Cardiff y Viena en 1998 manifestaron como objetivo la construcción de un mercado bursátil europeo plenamente integrado y elaboraron una serie de disposiciones que construirían la nueva arquitectura financiera en Europa. En el viejo continente la financiación empresiarial se basa eminentemente en el crédito bancario, mientras que el sistema estadounidense recurre a la Bolsa. El ideal es tender a este modelo, pero para conseguirlo, el deterioro del sistema público de reparto es un paso fundamental, ya que supondrá un fuerte incentivo para que la población invierta en planes de pensiones privados, como de hecho ocurrió. El Congreso de los Diputados aprobó en enero del pasado año las recomendaciones del Pacto de Toledo de 2010. Entre las medidas votadas se establece el alargamiento de la vida laboral hasta los 67 años; la ampliación de la base reguladora, que es el cómputo por el que se determina la cuantía de la prestación, de 15 a 25 años y además el alargamiento del período de cotización para alcanzar la pensión máxima. Las penalizaciones para los trabajadores que se contemplan en la reforma se traducirán en una reducción de la prestación, así el sistema de pensiones públicas quedará en unos mínimos asistenciales y quien quiera asegurarse ingresos en la vejez, se espera que contrate un plan privado de pensiones. El aumento de estos productos financieros muestra de forma elocuente el éxito de esta política. Sin embargo las previsiones de los estudios sufragados por las grandes instituciones financieras han demostrado ser erróneas y a pesar de la durísima coyuntura, la Seguridad Social lejos de quebrar, ha mantenido el superávit. Por el contrario los planes privados de pensiones han visto depreciado fuertemente su valor con la crisis financiera, tal como reconocía la OCDE en su informe de 2010, aunque sin embargo sobre este punto, no se escuchan las alertas de los expertos economistas que prevían el inminente colapso del sistema público. El Estado del Bienestar, el compromiso que garantizaba la estabilidad social mediante la reinversión de los beneficios, resulta innecesario ahora que no parecen existir alternativas al libre mercado. El estallido de la crisis financiera de 2008 que acabó con el festín de créditos baratos y beneficios espectaculares, ha obligado a buscar liquidez en nuevos campos y una de las más suculentas conquistas ha sido la provisión de fondos para la jubilación. Sergi Colom

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